El proceso para la renovación de integrantes del Poder Judicial en México ha comenzado de manera inédita con campañas proselitistas que están quedando muy lejos del profesionalismo y la seriedad que el tema exige.
Lejos de una discusión profunda sobre el papel de la justicia en el país, lo que se observa es un desfile de mensajes simplistas, eslóganes vacíos y campañas que priorizan el impacto visual o emocional por encima del contenido sustancial.
En lugar de fomentar un diálogo público sobre la importancia del Poder Judicial en la vida democrática, muchos de los esfuerzos de comunicación han optado, en la mayoría de los casos, por la comicidad, que poco aporta al entendimiento ciudadano del rol que jueces, magistrados y ministros desempeñan.
Videos cómicos donde se usan apodos, frases ingeniosas o anécdotas personales han empezado a ocupar el lugar de los argumentos jurídicos, de la exposición de trayectorias o de las propuestas para fortalecer la impartición de justicia en México.
Un ejemplo claro de esta tendencia es el del magistrado Arístides Rodrigo Guerrero, apodado en redes como el “ministro chicharrón”. En su video, utiliza un tono humorístico para resaltar su preparación académica, afirmando que está “más preparado que un chicharrón” para ocupar un lugar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La analogía, aunque es ingeniosa para algunos, ha generado más atención por su carácter cómico que por el fondo de su mensaje.
Otro caso es el de Dora Martínez Valero, también candidata a ministra de SJCN quien se presenta como “Dora la transformadora”, en evidente alusión al personaje infantil Dora la exploradora. En su spot, lanza expedientes al aire mientras afirma que la justicia debe dejar de estar escondida y llegar a la gente. Aunque el mensaje busca generar cercanía con la ciudadanía, su tono teatral ha generado más viralidad por lo cómico que por su contenido informativo.
Es evidente que muchos de los aspirantes no tienen una idea concreta de cómo comunicar su visión o propuesta judicial, y en su intento por “conectar con el pueblo”, caen en recursos simples y burdos o fórmulas vacías que subestiman la inteligencia del electorado. En lugar de construir confianza, estas campañas alimentan la percepción de que lo que menos importa es la preparación real para ejercer el cargo.
En un país con enormes desafíos en materia de justicia, el proceso para renovar al Poder Judicial no puede convertirse en un espectáculo. Elegir a quienes ocuparán puestos clave dentro de la estructura judicial es una responsabilidad que debe asumirse con total altura. Se trata de definir el rumbo de una de las instituciones que garantiza el equilibrio de poderes, la defensa de los derechos y la vigencia del Estado de derecho.
En México se necesita recuperar el sentido profundo de la justicia y sebe dejar la parafernalia digital. El país requiere de jueces y magistrados con conocimientos sólidos, ética intachable y compromiso con la legalidad. Y también requiere de una ciudadanía informada, que pueda distinguir entre la imagen construida y la verdadera preparación de quienes aspiran a ocupar estos cargos.
El proceso de selección del Poder Judicial debe ser una oportunidad para fortalecer nuestra democracia y no para ridiculizarla. Y eso empieza por exigir seriedad, claridad y propuestas reales a quienes participen en él. Porque impartir justicia no es una puesta en escena. Es una misión constitucional que debe estar por encima de cualquier estrategia de marketing.
Más que bromas o apodos, lo que necesitamos los mexicanos son personas con ideas claras, experiencia real y compromiso con la justicia. Personas que entiendan lo que está en juego y que no usen el cargo como un trampolín político o una vitrina personal.
Si seguimos permitiendo que esta elección se convierta en espectáculo, corremos el riesgo de que instituciones tan importantes como el Poder Judicial pierdan su valor y su credibilidad, porque lo que está en juego no es solo un puesto, es una responsabilidad enorme, es algo más que jugar a las analogías con un chicharrón o con un personaje de caricatura. Los mexicanos merecemos más.
Nos leemos la próxima.