Una primera lectura victoriosa sería, desde luego, desproporcionada y errática. México no sufrió un embate tan destructivo como algunos suponían o deseaban (sobre todo desde flancos opositores a la llamada Cuarta Transformación), pero hubo de ceder lo suficiente en varias materias (y habrá de ceder en otras), para conseguir el pulgar a medias del remedo arancelario de César.
Efectos negativos habrá, y algunos (Stellantis) ya se han anunciado (aunque también positivos: Volvo), además de que la protección actual derivada de la letra del tratado comercial norteamericano terminará conforme a la negociación o cancelación adelantada de dicho T-MEC, en la siguiente estación de zozobra del largo camino chantajista del cuatrienal Trump, que juguetea con buscar atajos tramposos para hacerse de un tercer periodo presidencial ( gulp con trompetas anunciantes de otro falso fin del mundo).
Pero tampoco ha de cederse lugar a la pretensión de depreciar lo logrado por la Presidenta de la República, en un escenario mundial cargado de irritación y protestas por el ultraproteccionismo de la administración Trump y su impacto desalmado. Sheinbaum avanzó (cuando menos en la medición inmediata), o no retrocedió (tanto), gracias a un estilo frío, no sólo de cabeza, sereno y paciente (la doctrina Kalimán elevada a doctrina de Palacio), sin ceder a la tentación del exabrupto o la arenga (ni siquiera en el mitin del Zócalo) y blandiendo ante las exigencias gringas la espada antinarco de una de sus pocas piezas propias, mister García Harfuch (muy aplaudido por las agencias estadunidenses), y de un batidillo de burocracia de élite acomodable a toda circunstancia (De la Fuente y Ebrard, sobre todo).
Habida cuenta de que el traqueteo continuará, porque el voraz Trump aún tiene por delante mucho por descomponer o cuando menos por amenazar y estremecer, la vista debe reconcentrarse en lo interno. Acelerar un plan económico no es elaborar uno nuevo, sino darle más velocidad; puede quedar en la presentación de ingredientes sabidos, con algunos agregados de circunstancia. La complicada realidad económica del país, y el impacto que se deriva del trumpazo reciente, pueden aceptar elaboraciones retóricas, pero en este caso rollo no mata cartera.
Atención especial deberá mantenerse en el factor empresarial que puede resultar, como casi siempre (¿por qué usar el «casi»?) el gran ganador de las crisis. Ayer, en el Museo Nacional de Antropología e Historia se tuvo el cuidado escénico de incorporar a personas de pueblos originarios, aunque no se dijo cuál es el peso representativo de los seleccionados y el nivel de organización social y de lucha que significan; también se anunció que había liderazgos sindicales (¿independientes, combativos, o el cetemismo dinosáurico en diversas denominaciones, incluyendo las versiones 4T, tipo Haces o Gómez Urrutia?)
Aun con esa incorporación de indumentarias populares y membretes «proletarios» a la sillería cupular, ha sido y seguirá siendo de los empresarios la fuerza real representada, significada y significativa, expectante de «oportunidades», radicalmente sumada a la prodigalidad de aplausos al poder en turno y de elogios desmedidos y homogeneizados (como en los viejos tiempos del PRI). Debe cuidarse que la ferviente adhesión «nacionalista» de sectores empresariales, y de personajes neo-4T con antecedentes de acumulación de fortunas mediante fórmulas salinistas y similares, no resulten los verdaderos ganadores, en sintonía con los planes trumpistas de entronización de una nueva clase tecnocrática y plutocrática mundial.
Y, mientras continúan los episodios violentos en Quintana Roo y Tabasco, entidades donde el crimen organizado mantiene nexos condicionantes con políticos y gobernantes, en medio de pugnas grupales por el redituable poder, ¡hasta el próximo lunes!
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