Spinoza dijo que para ser víctima de un opresor, es necesario estar muy triste. Y la tristeza es quieta; por lo que para evitar la tarascada de la opresión, ya sea de una situación, o de un tirano, hay que moverse. Por ejemplo, el voto es movimiento, es participación; y el de los mexicanos puede cambiar el estado de las cosas. Y a veces, es bueno y hasta urgente que la historia cambie. Un pueblo, o a una persona, con tan sólo atender con cuidado hacia dónde dirige la fuerza de su unidad; provoca un cambio.
Juan Nepomuceno Cortina pudo neutralizar varios frentes de ataque y persecución después de que estalló la guerra civil de EEUU en 1867, y que se hicieron dos bandos; los de la unión y los confederados; en donde hacerse para un lado o para el otro con su voto, les dio a Cortina y a los mexicanos del lado americano, un poder que por primera vez, desde la invasión y posterior despojo, les abrió la oportunidad de hacer valer sus intereses, en la balanza del voto democratizador.
Yo misma, con centrar toda la voluntad en elegir un cambio, puedo no sólo distanciarme del dolor, sino posibilitar un renacimiento.
Como frontera, hoy, después del oscurantismo de dos siglos de domesticación, los mexicanos fronterizos apenas estamos aprendiendo a erguirnos porque recién vimos que, votar por la opción equivocada ha resultado en deportaciones masivas y vejaciones y humillaciones múltiples.
Votar y elegir es estar despierto, y saber direccionar la capacidad de movimiento. Lo opuesto es ser la víctima triste de Spinoza; es ser un blanco inmóvil, un pobre conejito triste.