Viaja el que busca. Pero sueña siempre en el regreso. El camino no es para los satisfechos. Nunca ha sido. Por eso las veredas están llenas de hambrientos y mal queridos.
Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el hombre que en 1527 se pasó más de ocho peregrinando a pie por toda esta tierra fronteriza, es un ejemplo formidable del caminante que sueña, en su caso, desesperadamente, con volver.
Porque al final de cuentas el que se va, los que nos vamos, es porque no nos tocó ración completa; no fuimos los preferidos, ni tuvimos fortuna, o amor, o suerte; y hubo que irse, a conseguir de lejos lo que no se tuvo cerca. Todos los aventureros que nos colonizaron, eran de esos. Y yo también salí mal heredada de las buenas y dulces formas del establecimiento. Y ahora que agarré camino, en busca de vínculos de hace 500 años, por no tener unos cercanos, me consuelo con la historia de los que fueron como yo; descobijados, que no tendremos nido propio, ni enraizamiento autorizado, pero que sabemos sobrevivir de las minúsculas flores minerales que habitan, fosforescentes, en la lejanía.