Por: Fortino Cisneros Calzada
Un viejo y conocido refrán, perla de la sabiduría popular, dice: “Ora sí, violín de rancho, ya te agarró un profesor”. Con ello se da a entender que un asunto ha caído en manos de gente que sabe y que puede aportar una solución efectiva, lo que bien se puede aplicar al caso de los maestros, que habiendo sido atendidos en su demandas legítimas, buscan ir por más a efecto de recuperar privilegios perdidos, muchos de los cuales han causado graves daños a la educación.
El deterioro de la educación en México se inicia con la Reforma Educativa de 1970, implementada por Luis Echeverría, precursor inconsciente del neoliberalismo, y culmina con la entronización de Elba Esther Gordillo, impuesta como líder del sindicato magisterial por Carlos Salinas a golpe de billetes, en 1989. Con ello, el sindicato, tenido como el más grande de América Latina, pasa de ser una organización gremial a ser instrumento político, especialmente de operación electoral.
El ilustre maestro don Gumersindo Guerrero García, que recientemente entregó su alma al Creador, aseguró, en una interesante entrevista que todavía circula por las redes sociales, que la Gordillo había convertido a los maestros en niños y que había pervertido el sistema educativo. Pudo lograrlo gracias al poder que le otorgaban los políticos, esencialmente los presidentes de la República, como Calderón al que públicamente le dijo que le debía la presidencia.
Con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo los profesores se toparon con pared porque ella misma fue maestra y conoce a profundidad las entrañas del sindicalismo docente. Con la inteligencia y la sensibilidad que le caracteriza, atendió a los dirigentes magisterial, tanto del SNTE como de su brazo armado la CNTE y, respondiendo a la parte legítima de sus demandas, retiró la iniciativa de reforma a la ley del ISSSTE y emitió decretos ejecutivos que benefician grandemente a la burocracia.
Lo que no hizo fue ceder a las presiones para satisfacer la exigencia de mantener privilegios que no corresponden a los educadores y que han venido a dañar seriamente a la educación de los niños y jóvenes de este país. Concretamente, se negó a permitir que las organizaciones sindicales sigan controlando las plazas para con ello someter a sus miembros y evitar cualquier intento de democracia al interior. De sobra conocida es la patrimonialidad en el manejo de los espacios laborales.
Si un muchacho carece de habilidades para ganarse la vida, la solución es dejarle la plaza, que es hereditaria, o comprarle una. Con ello se soluciona un problema; pero, se generan miles, porque a lo largo de 30 años ese beneficiario de la corrupción sindical, carente de vocación, habrá echado a perder muchas vidas que pudieron ser brillantes. Es momento de que se borre el último vestigio de la perversión que ahijó la Gordillo, siempre al servicio del amo.
Mantener las tácticas de presión, como los paros, la obstrucción de vías de comunicación y el uso de los medios venales, no servirá más que para exhibir a los líderes sindicales en su exacta dimensión y provocar el rechazo del pueblo de México, que sabe perfectamente quien es quien. El apoyo popular a la presidenta es enorme y va creciendo, en tanto que el de las organizaciones sindicales del magisterio va en franco declive; porque ora sí, violín de rancho…